¿Quieres ser mi jugador dos?
He oído que eres gamer, así que juguemos a un juego. Jugemos las 24 horas y los 7 días de la semana. Juguemos a darnos las buenas noches y los buenos días cada mañana. Elijamos el apodo del otro y demos largos paseos en busca de aventuras. Salgamos en citas, con otros amigos y hablemos hasta las tantas de la madrugada. Y quien se enamore antes, ¿gana o pierde?
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Sabes que un gamer te quiere solo cuando te ofrece enseñarte a jugar a su juego preferido.
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Ese momento cuando guardas tu último corazón de tu vida para la persona correcta.
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Seré tu tanque, sé mi sanadora.
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Por ti, viajaría por todos los niveles del mundo.
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Juguemos a un juego al que ambos ganaremos.
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Tus besos son como las bombas de Bomberman: precisas, aunque lleguen a distancia, y explosivas.
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No quiero correr y saltar en busca de princesas que nunca en el castillo están. Quiero correr cogido de tu mano y así salvar el mundo a tu lado.
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Mi amor por ti es más grande que todo los mundos de Minecraft.
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Correría más rápido que Sonic, saltaría más alto que Mario con tal de dar contigo.
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Me rindo. “Game Over”, hasta invadido mi corazón.
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Venceré a todos los jefes finales por ti.
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Porque a veces encuentras a tu princesa en una aventura secundaria. Adiós princesa del castillo.
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Reunía gemas, oro, armas y armaduras; pero seguía sintiendo ese vacío en el corazón. Hasta que te conocí. Ahora, guardemos la partida y acabemos el último nivel de una vez por todas.
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Ni los más complicados puzzles, ni los secretos mejor guardados, ni los más poderosos adversarios me impedirán encontrarte, princesa de todos mis castillos.
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El amor es como un juego al que siempre gano contigo al otro mando.